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¿Como trabajan las Escorts en Madrid?

Pero... ¿Cómo se te pasó la idea por la cabeza?

Muy por casualidad. Tenía una historia con un profesor de la Universidad y un verano me invitó a pasar unos días con él en un hotel en la costa. Ésos primeros encuentros con “el mundo adulto de verdad”, me fascinaron. Conversaciones interesantes, sentirme deseada por alguien que me doblaba la edad... No sé, me daba una sensación de poder muy excitante. Por entonces, me estaba leyendo un libro de Lucía Etxebarría “De todo lo visible y lo invisible” y uno de los personajes era una escort que trabajaba en Londres. En un momento dado, mientras leía sus historias, se me iluminó un cartelito en la cabeza que decía: “hombres, hoteles, dinero, Londres”. Empecé a buscar por la web páginas de escorts, a leer los perfiles de las chicas, a fijarme en las fotos, en las tarifas... De repente, muchos deseos truncados por la falta de pasta, se convirtieron en algo posible...no podía parar de pensar en planes...ya no había marcha atrás... me hice un selfie... rellené las aplicaciones para distintas agencias...escogí la que me dio más confianza... y empecé a ofrecer sexo a cambio de dinero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

 

¿Te definías como puta, prostituta, trabajadora del sexo, acompañante…?

Al principio, cada vez que oía la palabra puta o prostituta, me daba un vuelco el corazón. Prefería llamarme “acompañante de lujo”, “escort de alto standing”... sucedáneos así... que envolvían de rosa el asunto. Pero con el tiempo y, gracias al feminismo pro-sexo, empecé a definirme como puta y a intentar contribuir a usar un nombre con connotaciones de marginación para devolverle el sentido positivo.

¿Al anunciarte te definías con algún adjetivo distintivo: trans, gorda, MILF…?

Sí... como “girlfriend experience”. Es decir, que mis servicios se basaban en ofrecer algo muy similar a lo que se hace con una “novia”. Besos, caricias, sexo no muy “kinki”, conversación... De hecho, eso es lo que ofrecen las agencias de escorts.

¿Cómo eran tus clientes?

El perfil que más se repetía era el de cincuentón conservador de derechas, con profesión pro-capitalista de pura cepa (jueces, banqueros, empresarios...) y casado. Los solteros eran excepciones y no recuerdo haber tenido la impresión de encontrarme con un cliente de otras ideas políticas que las de puro neo-con. En fin, hombres a los que no les importa gastarse de 400 a 500 euros por estar en la cama durante una hora con una chica joven.

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Siempre trabajaste para agencias?

Sí... me daba miedo ir por libre... coger llamadas de clientes directamente, ir sola a hoteles sin que nadie lo supiera... Además, yo me fío de todo el mundo y pensaba “a mi seguro que me engañan”. Es que no hubiera sabido cómo hacerlo sola... Aunque después, con el tiempo, veo que lo de trabajar de independiente no hubiera sido mala opción. Las agencias filtran clientes y eso te evita todo el proceso de negociación que viene antes de acordar sitio y hora para un servicio pero trabajar con ellas no me resultó fácil. A excepción de una agencia a la que tengo mucho cariño, con las demás no me sentía segura y encima... tenía que darles un 50% de mis ganancias. Una barbaridad. Vamos, que al final me quedó la duda de saber qué es mejor, si negociar con los clientes por libre o aguantar la hostilidad de las agencias

¿A qué te refieres con hostilidad?

Por ejemplo, una de las madame con las que trabajé me pasaba revisión antes de cada servicio y me decía cosas del tipo “la próxima vez que vengas con la manicura así de desastrosa, te voy guardar para el primer viejo que venga con olor a whisky”. Estás sola en un mundo ya de por sí difícil y encontrarse con actitudes así de despectivas puede hacerte mucho daño... Tengo muchos ejemplos de cosas así... O de otras cosas que me daban miedo, a veces negociaban tratos con clientes sin que yo lo supiera y no sabía muy bien dónde me estaban metiendo. Es que la mayoría van sólo por la pasta. Esto es así.

Entonces... ¿estabas cómoda con tu trabajo?

Muy para mi sorpresa, el trabajo en sí me resultó fácil desde el primer momento. Desde el primer cliente me sentí confiada de una manera inusual. Era como si, de repente, algo en mí se concentrara al 100% en ser una especie de diva que sabe cómo complacer a un desconocido. Salí descolocada , pensando... joder ... si ahora va a resultar que tengo vocación de puta. Pero una cosa es lo que pasa una vez entras en la habitación del hotel, ves que el cliente no es ni tu padre, ni tu jefe ni tiene cara de asesino y otra...pasas a la ducha…te relajas…te tumbas en la cama….y otra cosa es todo lo que pasa más allá de esto...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Entonces...¿cómo te sentías “más allá de eso”?

Muy culpable... cada uno tiene sus límites ¿sabes? Y mis límites estaban en mi educación de “mujer decente”, en la gente pensando “las putas son desperdicios humanos” y en mi subconsciente diciéndome “¿y después qué, eh?, ¿cómo vas a salir de esto, eh?, ¿cómo piensas arreglarlo?”. Todo eso “hablándome” a la vez... que una cosa es lo que yo piense racionalmente y otra lo que está tan grabado en mí que cambiarlo cuesta y es cuestión de hablarse muy despacito.

¿Tus amigos lo saben?

Sí... muchos de mis amigos lo saben y explicarlo ha sido un gran alivio. Contárselo a chicos fue fácil... a algunos les pone cachondos, a otros les parece interesante y quieren saber más... Con las chicas fue otra historia... mis amigas son muy amor y se han portado genial con esto pero también se preocupan... La prueba de fuego fue cuando mi mejor amiga de la Universidad me descubrió la cuenta de @leticiaroig1 por casualidad...no quería mentirle... le dije... “quan descobreixis qui es la Leticia fliparás, espero que m'estimis igual...”. Mi amiga es una chica politizada, muy crítica y bastante abolicionista...Fue muy loco discutir con ella sobre el tema desde mi posición de puta pero aguanté el tipo y hablar con ella de esto me pareció la conversación más sana del mundo.

¿Tus familiares lo saben?

No ... se mueren. Mi familia son gente de barrio, sencilla, van del trabajo (al bar) y a casa... Además, están muy contentos de las cosas que hago, de que haya salido del barrio, de mis viajes... Cuando decidí irme a Londres les dije que me habían dado una beca. Cada vez que oía a mi madre explicar orgullosa lo de “a mi niña le han dado una beca para ir a Londres”, tenía que esforzarme muy fuerte para aguantar las lágrimas... Si mi madre supiera que “la niña se fue a Londres a trabajar de Puta”... se llevaría un buen disgusto. Después está mi padre que es un pendón y eso todo el mundo lo sabe pero una cosa es lo que el con las hijas de los demás y otra lo que los demás hacen con su hijas.

¿Tienes pareja o has tenido pareja? ¿Se lo has contado? ¿Lo han aceptado?

Sí, tengo un novio guiri que es carisma en rama y “molt bon nen”. Me está viendo cómo hago la entrevista... y sonríe... Se lo expliqué muy al principio de la relación. No podía aguantar ocultarlo, las mentiras se me metían en la cabeza y no me dejaban funcionar con normalidad. Mentir me dejaba muy raruna. El día que se lo expliqué, casi me meo encima. Pensaba que tenía un 99% de posibilidades de que me mandara a freír espárragos. Pero no... en lugar de eso me dijo “well... I find it quite fascinating to be honest”... y muchas veces me dice “I love you ,not in spite of that, but also because of that”. Le encanta que le explique cosas sobre esto. De hecho, fue él quien me animó a empezar a escribir el blog.

Entonces... ¿Por qué decidiste dejarlo?

Fue como un ciclo... al principio me vino muy bien. Los primeros meses de trabajar como puta fueron un subidón. Invertía todo lo que ganaba en cosas que me hacían sentir como un ser humano. Ponerme al día con el dentista, clases particulares de inglés... Además, iba con cuidadito, sólo aceptaba citas de día, clientes con los que sabía que me iba a sentir cómoda... pero con el tiempo fui perdiendo el miedo a trabajar como puta y aceptaba cosas de noche, trabajaba mucho en fiestas, con drogas...Me despertaba en la habitación de un hotel, hecha una mierda, con el cliente al lado y 2000 libras en el bolso. Sentía como si ése dinero tuviera que gastarse... Me iba a Oxford Street y me fundía la pasta en vestidos, lencería, bolsos... Vamos, que ganaba mucho pero también gastaba mucho y estaba perdiendo un poco el norte.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 


 

¿Echas de menos tu trabajo como puta?

Sé que va a sonar muy narcisista pero lo que más echo de menos es el personaje me he había creado con “mi yo puta”. Su seguridad, su calma, sus andares seductores de diva, su hedonismo... Practicar ése personaje una y otra vez me alejaba de mis fragilidades, de mi timidez, de todo aquello que me decía “tú sólo eres una chica de barrio”... La echo mucho de menos… Por otra parte, el hueco que se abrió cuando dejé de trabajar como Puta lo llené escribiendo sobre ello, leyendo sobre feminismos, participando en colectivos feministas pro-sexo... Todo lo que estoy aprendiendo desde la reflexión es muy grande...y me está sentando muy bien poder pensar tranquilamente.

¿Volverías a trabajar de Puta?

A veces recibo mensajes de las agencias para servicios y tengo tentaciones pero prefiero abstenerme y seguir concentrada en otros proyectos. Además, el tema en Londres está muy quemado… Cada vez hay chicas más jóvenes que trabajan por menos, muchos servicios de “fiestas” en casinos con mucha coca… Nada que ver con los servicios a los que estaba acostumbrada en España…

Fuente: Tu Complice

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